La leyenda del sexto sol

El advenimiento

Y esta escrito que el cambio se avecine, la tierra y el aire sienten la inminente llegada del nuevo prodigio. El quinto sol muere, dando paso al sexto sol, hijo de los Imecas, del tóxico atardecer, el de la bruma, el que marchita a la tierra y a los hombres.

La leyenda del sexto sol

Los ancianos de estás tierras rumoran que los viejos dioses se han reunido, al amparo de la noche, discuten sobre los hombres de maíz, sobre la dolorosa y lenta agonía del quinto sol.

La muerte del astro, es la muerte de los viejos dioses, pues morir para un Dios es ser olvidado, es encontrar su altar olvidado, sin incienso, con los colores deslavados, sin flores, ni ofrendas, su creación los he relegado al olvido.

Ellos los dadores de la vida, negados por su semilla.

Los dioses saben que su magia, sus palabras de verdad han perdido fuerza, por más que el gran Quetzalcóatl retrasa la llegada del sexto sol, la tierra, la montaña, los ríos y el viento no hacen sino anunciar por las cuatro esquinas del mundo su llegada.

Tlalóc y Ehecatl lloran amargas lágrimas, lluvia y viento se han corrompido, son impuros, ya no obedecen a sus padres, saben de su debilidad y ansiosos suspiran por la llegada de su nuevo señor.

En el corazón de Quetzalcóatl habita la tristeza, abatido sabe que su creación, sus hombres y mujeres de maíz morirán sin remedio al llegar el nuevo sol.

Solo el señor Tezcatlipoca, el del espejo humeante de obsidiana, se beneficiara del nuevo sol.

Pues sabe que el nuevo mundo que nacerá será suyo y de los hombres de corazón oscuro

¿Cuáles son los signos del sexto sol?

Los signos de este nuevo sol saltan a la vista, es cuestión de saber mirar con atención, dicen los ancianos.

Dicen que la tierra se ha vuelto estéril, se ha secado, la gran dadora de vida llora para sí, asfalto y cemento cubren la tierra amenazando con acabar con su ciclo vital.

El agua ha escapado al designio de Tlalóc, pues se han vuelto reacias e impuras a su mandato, escasean las lluvias y cuando llueve el agua es mala, quema y corroe la tierra, las piedras, los templos, las casas y a losa hombres, no es buen para ser bebida.

El aire se ha vuelto pesado, el sol es prisionero de una tribu que sirve al sexto sol, los Imecas, los cuales le impiden recorrer la bóveda celeste, el azul del cielo se ha diluido, los colores del atardecer son antinaturales, tóxicos..

El sol pierde su esplendor ante sustancias malignas que envenenan al aire, ( plomo le dicen los hombres). El viento ya no sopla y cuando lo hace es para esparcir muerte y enfermedad entre los hombres.

Estos son los signos del sexto sol, de ese sol que amenaza a los hombres y mujeres de maíz. Mas este nuevo sol no es producto divino, sino creación malsana de los hombres

Quetzalcóatl nada puede contra él, pues nunca pensó este sabio Dios, que sus hijos se volverían contra él y contra sí mismos.

Observar

¿Qué observas?

Nada, veo como el Todo absorbe mi mirada

¿Buscas algo en particular?

Sí, el silencio que precede a una lágrima, el lapso que existe entre un suspiro y un beso.

¿Cuánto tiempo hace que esperas?

No lo sé, el tiempo ha perdido consistencia, no sé la diferencia entre una hora y un mes. A mi entender duran igual.

¿Por qué?

Por deambular demasiado en la oscuridad mis ojos no perciben bien la claridad mundana

¿Es belleza lo que buscas?

No, es algo más.

¿Es amor acaso?

No, algo más allá del amor.

¿Qué puede existir más allá del amor?

No lo sé, deseo, odio, rencor, sublimación

Son solo las ondulaciones del humo,

arbitrarios e inexplicables giros en el vacío.

La inútil ascensión que no redime,

testigo del sentir del espíritu se desvanece en la nada.

Solo

Solo…

Rodeado de dudas,

en medio del hastío engorroso de la existencia.

No me muevo,

mis brazos y piernas pesan demasiado,

el alcohol embota mis sentidos,

en cierta medida es el freno de mis sentimientos.

Aquí al borde de la conciencia

y el estupor de las cervezas me mantengo dialogando con mi alma.

¿Cómo escapar a la verdad?

Soy un hombre incompleto, carente;

falto de tantas cosas: amor, cariño, calor interno, sueños, vida.

Busco terminar con esta carencia.

¿Pasión inútil? O ¡Razón de vivir?

No lo sé.

Por ello estoy aquí atrapado en el vaivén del tiempo.

Tantas preguntas sin responder

Tantas respuestas falsas.

Afuera el sol se oculta en el horizonte,

la noche se abre paso

y se apropia del cielo con su inescrutable manto de estrellas.

Una cerveza más, una cerveza menos que más da.

Si tan solo pudiera discernir y encontrar.

Si tan solo supiera que la vida no es tan solo una triste ilusión.

Si tan sólo…

¿El amor existe?

El amor existe cuando hay a quién amar, sino es como si no existiera.

Existir…

¿Qué motivos hay para existir?

Se necesita de un motivo, una razón para vivir.

El éxito, la fama, el amor, el dinero, el ser admirado, el sexo, la lujuria, simplemente vivir o sobrevivir, el honor, alcanzar un sueño, el perdón, la salvación.

Tantos motivos para vivir, pero en realidad sin ellos…

¿¡Qué tenemos!?

Un vacío que llena la existencia,

que reduce la necesidad al mínimo,

respirar y comer, vivir.

¿Qué hay más allá?

No hay esperanza o lo anterior, todo acaba, el amor, la fama, el éxito.

La felicidad es efímera,

un suspirar y se acabó,

los sueños jamás alcanzados producen frustraciones y pesares,

el vivir una parodia de lo que es más anhelado.

Los ideales los corrompe el hombre,

ese ser imperfecto…

Buscando algo que jamás siquiera puede imaginar, a saber: la perfección.

Toda una vida dedicada a la búsqueda de la perfección

para darse cuenta de que por ser hombre/ mujer está condenado a no alcanzarla.

El ser humano corrompe lo que toca.

La amistad es conveniencia.

¿Qué caso tiene vivir así?

Revelación ( 7/VIII/00)

Soy: subjetividad, solipsismo, partícula individual.

¿Somos?

 Improbable, si no es que imposible, insalvable distancia entre “dos sujetos”,

dos sentimientos, dos formas distintas de percibir y crear ( ¿ o recrear? ) al mundo,

 a las circunstancias, al lugar que cada uno ocupa con respecto al sentir del otro.

 Estoicismo puro; Epicteto:

 Lo que depende de nosotros es libre por naturaleza, y no puede ser impedido  ni forzado de ningún hombre, y, al contrario, lo que no depende de nosotros es servil, despreciable y sujeto al ajeno poder.

La preocupación, la felicidad de mi persona es cárcel, límite, todo aquello que esta fuera de la frontera impenetrable de mi conciencia, escapando al ¿control?, ¿certeza? De mis actos.

 No puedo influir, preocuparme o incluso crear aquello que el otro “yo” ( aquella la que amo) percibe o siente. El vínculo entre mis acciones y sentimientos dependen “exclusivamente” de mí.

Sé lo que siento.

Sé el porqué lo siento.

 Pero es solo un “saber” que me abarca  a mí.

No puedo llorar y esperar que mis lágrimas influyan en el ánimo del “otro”, pues es ese “otro” el que escapa al ámbito de mi persona.

 Entonces  todo se resume a un “Yo” incomunicado a lo externo, cuyo ámbito de libertad se reduce solo a aquellos aspectos que su inmediatez le permite.

Yo siento.

Yo amo.

Yo temo.

Yo; yo pienso, luego existo, toma un cariz importante. Afuera tú no existes solo adentro, canción que se refiere a ello sin las pretensiones filosóficas o existenciales que busco, o que tal vez nunca había querido aceptar como cierto, siempre tratando de ir más allá de mi yo para intentar brincar esa distancia que separa a mi patético “yo” de las personas que me rodean.

Es por ello que irremediablemente todo esta condenado al fracaso en la medida en que estos actos y sentimientos son míos y por ello intransmisibles.

Pero si ese “yo” es todo lo que soy, Cioran y su filosofía giran entorno a la pretenciosa necedad de un “yo” que se sabe infalible, que crea utopías por medio de una razón a todas luces endeble.

 Lo que sé arruina lo que deseo, ciertamente el saber, mengua, corta, limita, desgarra al sentimiento y no se diga al ámbito sexual – existencial.

“Saber” consuelo pendejo que no se diluye ni convence en la penumbra de un bar que huele a orina de gato. Esa pretensión por abarcarlo todo: Dios, amor, al otro “yo”, todo ello en vano.

Somos dos.

Distintos,

 diferentes,

insalvables.

 Dos tumbas cavadas prematuramente, dos soledades un vodka tonic, un abismo entre mis acciones, que buscan plasmar, demostrar mi sentir y el “real” efecto que dicho sentimiento puede causar en ese “otro yo” tan amado, tan escurridizo, tan  desesperadamente mudo, ciego, sordo,  a los lamentos ahogados de mi sentir: “Hoy te quiero, el día de mañana… esta muy lejos”, esa mi única verdad, mi envenenada certeza. Nosotros los de entonces, jamás fuimos, por lo tanto, jamás seremos (Neruda siendo revolcado por Cioran).

 Las cosas que se van no vuelven nunca, será por que “nunca”, en realidad, se termina de ser, de plasmar, de existir fuera de mí.

 Un mosco se posa en el mantel lleno de agujeros de cigarro y la música patéticamente melosa del radio no hace sino acrecentar la atmósfera decadente de este momento.

 Esta es mi verdad, al fin revelada: Soy, Ella es.

No hay manera de ser dos, de unificar, salvo gramaticalmente mi sentir y su sentir.

 Somos autistas del amar, ensimismados en mil mentiras, utopías, ideas que al fragmentarse nos arrastran al fango primordial, donde lentamente nos ahogamos, ya sea en la mundana monotonía existencial o en algún etílico vicio.

¡Salud amada mía!, estás aquí y jamás “sentirás” este mi amor, pues tú no eres yo, por lo que hablarte de mi pasión es como describir al ciego la calidez del azul con meras palabras, o al sordo las múltiples reverberaciones de una melodía.

 Es, amada mía, escribir bebiendo un vodka tonic, en una mesa con el mantel quemado por  cigarros desconocidos en un bar que huele a orín de gato.

El Extraño / X

X

 

  • ¿Dónde esta Dios?

Dijo el poeta al aire, en la mesa los envases vacíos se amontonaban, las colillas desbordaban el cenicero.

Teníamos alrededor de dos horas bebiendo en silencio.

– ¿Dónde estaba Dios cuando el inocente clamaba por su divina protección?, ¿Dónde estaba cuando la niña de cuatro años era violada por su padrastro?, ¿Dónde estaba cuando los cinco adolescentes rociaban de gasolina al indigente para luego prenderle fuego?, ¿Dónde estaba cuando torturaban al hijo frente a su padre? ,

¿Dónde estaba cuando la bala cegaba la vida de la anciana?, ¿estaba dormido?,

¿Estaba distraído?, ¿estaba creando un nuevo color, un nuevo sonido?, ¿dónde estaba cuando al suicida se le acabaron los motivos para no morir?, ¿Dónde estaba cuando los hornos crematorios de Auschwitz vomitaban humo día y noche?, ¿Dónde estaba cuando los habitantes del poblado, niños, mujeres y ancianos,  refugiados en la iglesia, lloraban desconsolados mientras que los niños- soldados prendían fuego al edificio, a su casa?,

¿ Dónde estaba? ¿Dónde? ¿Y las plegarias?, ¿Y los rezos? , ¿Y las lágrimas?, ¿Es acaso sordo?, ¿Es acaso mudo?, ¿Es autista?, ¿Se ha ido?, ¿nos ha abandonado?

 

Conforme hablaba, las lágrimas corrían por su cara, su tono de voz jamás subió de tono, no era enojo, lo suyo era impotencia, rabia contenida.

  • ¿Tú sabes dónde está?
  • Yo soy el extraño, Dios y el Diablo me tienen sin cuidado. Somos seres olvidados, nuestras plegarias caen en terreno estéril. Habitamos un laberinto, uno del cual no sabemos salir. Pocos son los que logran tal hazaña, y todo ese esfuerzo para encontrarse nuevamente solos, en este mundo, el cual es un gran laberinto, uno sin paredes, aquí las palabras, los silencios conforman los muros que nos separan.
  • ¿Y entonces?
  • Nada, yo pago la próxima ronda
  • ¡Necesito respuestas!
  • Buscas respuestas vacías

 

Pedí una ronda más al mesero, el poeta bajo los ojos.

  • No hay nada más, solos estamos, somos huérfanos imaginando que nuestro padre vendrá un día por nosotros, para arrullarnos entre sus brazos. Olvídate de Dios, pues si él existe tiene su propio laberinto.
  • Explícame para poder comprender…
  • ¿ Comprender? Eso no sirve para nada solo añade desesperación, pero si es tu deseo entender, sea tu voluntad… Imagina un gran laberinto, imagina vivir dentro de él, imagina recorrerlo todo para nunca encontrar la salida, cada vuelta, cada paso te lleva siempre de vuelta al principio, a Dios, toda pregunta, toda respuesta tiene el mismo destinatario: Dios. Dios es tu respuesta, es tu pregunta, tu liberación, tu carcelero.
  • ¿Carcelero?
  • Si, llega un momento en sus respuestas no te llenan, no te satisfacen, siembran dudas, lo que acabas de preguntar, carece de respuesta racional, salvo “Dios así lo quiere”, ¿Te conformas con eso?
  • No…
  • Pues quien habita en su laberinto debe hacerlo o enloquecer. ya que todo camino lleva a él.
  • ¿Y si no creo en él?
  • Pues es igual, imagina un gran laberinto, imagina verlo desde afuera, kilómetros y kilómetros de paredes grises, pero por más que crees hallar la entrada, esta no existe, crees ver un refugio, una recoveco que te permita entrar, una grieta a la cual asomarse, pero a pesar de tus esfuerzos sigues afuera, crees que al entrar encontraras las respuestas, de igual forma los que deambulan dentro de él, creen que tras esas mismas paredes que te mantienen fuera esta la solución que anhelan. No hay consuelo, no hay respuesta.
  • ¿Y entonces?
  • ¿Entonces qué?
  • Que nos resta, que esperanza queda…

 

El extraño tomo un sorbo de su bebida, me observo, una sonrisa triste cruzaba su rostro.

 

  • Solo quedo yo, solo resta cada uno de nosotros, nuestros sueños, nuestras pesadillas, cada sueño, cada amor, cada pasión… solo nos resta encontrarnos.
  • ¿Y si estamos perdidos desde siempre?
  • Pues, si es así, solo nos resta cruzar la noche… solo nos restan besos al vacío…

El Extraño/ IX

IX

La bronca no es la vida sino lo que nos pasa en ella. Yo amo la vida, pues es el lugar donde he amado y he llorado, es el sitio donde a pesar de todos he intentado ser feliz y creo que lo he logrado, el precio que tuve que pagar por ello fue muy alto, pero es mejor vivir y olvidarse del miedo, así me enseño la abuela, viejita sabia y tierna. Ella fue la que me dio los ánimos y las ganas para ser yo. Descubrirte gay a los 16 años es cabròn y más cabròn aceptarte así, a pesar de las burlas, los maltratos y la violencia.

Mis papás alarmados me llevaron al psicólogo, al psiquiatra, al sacerdote, al brujo para quitarme esa fijación mía por los hombres.

  • ¡ A usted le gustan las viejas, no sea pendejo! Me gritaba el profesor de deportes en la escuela.
  • ¡ Sal demonio de la lujuria de este joven, Dios así te lo ordena! Gritaba el cura mientras me rociaba con agua bendita.
  • ¡ Pinche puto sidoso, lárgate de aquí! Me gritaban mis compañeros de escuela.
  • ¡ Degenerado, antinatural, pervertido! Me gritaban mis padres.

Todos ellos tercos a decidir sobre mi forma de amar y de vivir y yo aun más terco por querer vivir según mis sentimientos.

Llego el día que me harte de tantos gritos y regaños, junte mi ropa y mis pocas pertenencias y me fui a vivir con mi abuelita, para ese entonces tenía 18 años y ya no aguantaba los reproches, el desprecio y la incomprensión del mundo, así que decidí dejar la escuela y trabajar para mantenerme, pero después de dos meses de pura chinga mi abuelita me dijo:

  • ¡ No sea burro Javier ! No lograrás nada martirizándote así, yo te presto dinero para que hagas una carrera, anda no sea obstinado y déjame ayudarte.

Al principio pensé que era un truco, el dinero hoy y mañana algo a cambio, le dije que no quería dinero de mis padres y mucho menos limosnas

  • Es mi dinero el que te presto y hago con él lo que yo quiero. Prefiero que se utilice en tus estudios a que siga bajo el colchón, lo que importa es que sigas con tu educación, así yo me siento útil al ayudarte y no solo dándote refugio como exiliado, ¿no lo crees así?

Acepte el trato a condición de que ese dinero se lo devolvería poco a poco. Ella se lleno de júbilo.

  • ¡ Qué bien Javier! Aprovecha y estudia para que seas por ti y para ti, manda a la chingada a esa familia tuya, ellos son los que pierden al negarte su apoyo y amor, pues tú vales mucho, yo lo sé.

Decían las malas lenguas familiares que la abuela estaba loca y que tenía un carácter muy disparejo, era muy pero muy distinta al resto de la familia. La verdad es que era muy liberal, tal vez demasiado para gusto de sus hijos, hermanos y nietos.

Una noche me contó de sus años mozos, de sus relaciones con artistas,  poetas y literatos de sus tiempos, incluso me mostró más de una carta o poema escritos a ella o inspirados por sus encantos. También me enseñó fotos, recortes de revistas y periódicos donde hablan de ella y sus románticas andanzas. Me contó de su imposible amor por una mujer, ¡sí! Por una mujer casada con un poeta que frecuentaba su círculo de amistades, la abuela por desilusión se caso con el abuelo al cual amo mucho, pero no era la misma pasión, se acostumbro a la vida sedentaria y se dedico a ser madre.

  • Por eso sé que tú debes vivir y amar la vida, para que no tengas 67 años y sigas suspirando por la vida que no supiste o no quisiste vivir.

Yo amaba a la abuela, incluso me ayudo mucho a aceptarme y me consolaba cuando las cosas no resultaban y venían las humillaciones o las depresiones.

Fue a ella a la que le conté sobre Ramón, del chavo que una noche conocí y de él me enamoré. Por las tardes al llegar de la universidad le contaba lo que Ramón y yo habíamos platicado o hecho, sobre lo difícil que nos era caminar por la calle tomados de la mano sin que nos miraran con odio o aversión, de cómo nos ignoraban deliberadamente o nos agredían verbalmente. Le contaba como abrazarse, besarse o cualquier otra muestra de afecto o cariño estaba vedada para nosotros. Era un amor clandestino, perseguido y repudiado, muy difícil de vivir dado el odio y la incomprensión de todos.

  • La gente es pendeja Javier, tiene miedo de lo que no conoce o peor aún de lo que desea, pero teme llevar a cabo, por eso ataca a aquellos que tienen el atrevimiento de vivir la vida que ellos no viven, son enanos mentales que no saben vivir, que no saben amar.

Pero esas voces nunca fueron impedimento para que yo siguiera viviendo mi vida.

Un día Ramón me dijo que lo habían corrido de su casa, ya que una amistad de su padre nos había visto besándonos en la penumbra de un cine, la abuela insistió en que Ramón se quedara a vivir con nosotros en la casa, pero para el resto de la familia la noticia fue un escándalo.

– ¡ Una vieja senil y dos maricas viviendo juntos, eso es una aberración! Gritaba a los cuatro vientos mi tío Federico el de las dos familias.

  • ¡ Se están gastando nuestro patrimonio, nuestra herencia, nuestro futuro, malditos sidosos! Gritaba mi prima Micaela, la que usaba los hombres para sacarles dinero y era amante de un hombre casado.
  • ¡ El cielo no perdonara nunca las ofensas contra natura que ocurren bajo ese techo, en esa casa de pecado! Gritaba el tío Orlando, el sacerdote que me había intentado violar cuando tenía 6 años.

La abuela haciendo gala de un gran coraje los mando a todos mucho a la chingada, los amenazo con no dejarles nada si continuaban molestando. Pero como luego aprendí,  el odio se disipa, pero nunca se va en realidad.

Ayer regresaba del supermercado, traía 4 grandes bolsas con la comida de la abuela y la de nosotros cuando una cuadra antes de llegar al edificio donde vivíamos, salieron de un coche gris sin placas cuatro tipos vestidos de camisa blanca y pantalones de mezclilla azules, los cuatro portaban un corte muy al estilo militar; supuse que los enviaban mis familiares pues me llamaron por mi nombre.

  • ¿ Tú eres Javier verdad? , ¿ el puto de Javier verdad?
  • Pinche joto
  • Sidoso de mierda

De las agresiones verbales pasaron a las agresiones físicas, yo al principio traté de evitar la pelea, pero cuando vi que era imposible evitarlo comencé a defenderme.

Y no lo hice tan mal, logre tumbar a dos, pero uno de ellos enojado por mi respuesta saco una navaja y cuando estaba distraído me la enterró en el vientre, eso me dolió mucho, pero no me derroto, al contrario, me dio más fuerza, estaba yo encabronado, tantas humillaciones, agresiones y abusos me dieron fuerza para sacarme la navaja y clavársela en el cuello al más cercano de ellos. Los otros tres huyeron al ver caer a su compañero, subieron al coche y arrancaron. Yo me tomé el vientre con las manos y camine lentamente hasta la casa, toqué el timbre y Ramón me recibió en el umbral, alarmado por la sangre llamo a la abuela, ella a su vez salió y  llamó a un taxi que pasaba por la calle, entre los tres me subieron al taxi y partimos al hospital más cercano, había yo perdido mucha sangre ya, Ramón lloraba y me acariciaba el pelo, yo quería decirle que estaba bien que no llorara, la abuela le indicaba al chofer que calles tomar para llegar más rápido y le decía que no se preocupara por pasarse los semáforos o atropellar a algún pendejo, que lo importante era llevarme a ver a un doctor. Al llegar a la sala de emergencias el personal de guardia me hizo una rápida evaluación, además de la herida de la navaja tenía dos costillas rotas y varios golpes en la cara, sin perder tiempo entre a cirugía, lo último que vi desde la camilla camino al quirófano fue a Ramón llorando, su ropa llena de mi sangre y la abuela junto a él, abrazándolo, con lágrimas en sus ojos.

  • Hoy sé que estoy muerto, que no desperté, que estoy aquí con usted platicándole mi vida y mi muerte. Ahora lo único que me preocupa es Ramón y la abuela, ahora están solos, a merced de esos ojetes, temo por ellos, temo que les pase algo y no este nadie para defenderlos.

El extraño se detuvo, Javier lo miro y pregunto:

  • ¿Qué pasa? ¿Por qué nos detenemos?

El extraño volteo y habló a Javier:

  • No debes de temer por ellos, ellos se tienen a sí mismos, el amor que ambos te profesaban los unió, lo que les dará la fuerza para resistir, esa fue tu herencia, ellos seguirán juntos, ten por seguro que tu recuerdo y amor vive en ellos.

Una lágrima rodó por la cara de Javier, él la sintió y dijo extrañado:

  • Pensé que los muertos no lloraban

El extraño reinició la marcha al tiempo que decía:

– El dolor va más allá de la carne, más allá de la muerte, casi tan lejos como el amor.

El Extraño / VI

VI

Al principio todas las paredes eran iguales, grises y lisas, nada las diferenciaba, daba igual caminar hacia la izquierda o hacia la derecha, hacia delante o hacia atrás.

Los días, las horas, los años pasaban y pasaban y yo no hacía sino esperar pacientemente el momento propicio para mi liberación, no para escapar, sino simplemente para salir de allí, era una certeza, algo así como un periodo de preparación para algo, no sabría identificar ese sentir, pero sabía que eventualmente saldría de allí.

¿Cómo sucedió?

Un día al recorrer el laberinto note que en sus paredes se empezaban a dibujar letras, dibujos, símbolos, rasguños incluso, pero del autor ni un rastro, no había huellas, no había señales de algún nuevo ocupante, a veces trataba de correr para encontrarme con mi visitante, pero solo veía a una sombra moverse a los lejos, incluso si volvía por mis pasos, podía comprobar como aparecía en las grises paredes una nueva marca.

Poco a poco las paredes comenzaron a contar historias, a esbozar sueños y anhelos, pronto los rostros de hombres y mujeres cobraron sentido, podía diferenciarlos o leerlos en las historias que los pasadizos, cual tumba egipcia, develaba, incluso nuevas secciones se fueron agregando al laberinto, lo cual fue una bendición, pues a veces creía enloquecer después de años y años de vagar en la misma oscura monotonía.

Súbitamente un día todo cambió, todo se volvió color, luz y movimiento; ya no era una tumba gris, era, cómo explicarlo, un lugar vivo, que florecía, dulces tonadas se escuchaban en el aire, el clima se volvió más cálido era un sitio, podría sonar absurdo, más humano y así fue por mucho tiempo, yo disfrute grandemente esos instantes, pues me ayudaron a ver con nuevos ojos lo que somos en realidad, el amor, la pasión y demás sensaciones brotaban de las paredes, del suelo del aire, incluso se alcanzaba a escuchar la risa de una mujer, su aroma era un deleite para los sentidos.

Pero al igual que todo nació de un día para otro así de inesperado fue el final, fue una sequía repentina, como si un vendaval frío barriera los pasillos del laberinto, matando todo a su paso arrebatando los colores, destruyendo la música, ahogando la risa, las grietas ocuparon el lugar de los versos y de los rostros en la pared. Varios pedazos de las paredes cayeron, se desmoronaron como arena, como si temblara sin oscilación alguna, todo se acabo, todo volvió a ser la tumba gris de antaño, la decadencia regreso a reinar.

Un día al doblar una esquina, pues vagaba contando los daños, encontré una nueva habitación, era como si fuese un templo, era un altar con una efigie tallada en piedra, a su alrededor se apilaban flores, vivas y marchitas por igual, rosas, claveles, lirios, flores de bugambilia y jacaranda, moradas, rojas, blancas y muchas más, el olor a incienso envolvía la habitación, cientos de velas de todos tamaños conformaban el resto del mobiliario, en algunos sitios de la pared escurría agua, la cual pude luego comprobar por su sabor salado, eran lágrimas, lo que más me asombro fue ver las huellas  de una mano, la cual por estar cubierta de sangre dejo una marca visible e indeleble en la pared. Todos los elementos parecían convergir en una sola dirección era un santuario al dolor, a la tristeza, a la desesperación y a la locura. Por primera vez en muchísimos años tuve miedo, o más bien conocí la sensación del miedo.

Un día apareció una puerta; al principio temí por mi seguridad (otra vez ese confuso sentir), no sé bien si era a que algo ajeno al laberinto, y por lo tanto a mí, se colara por allí y trajera aún más desolación, más desesperación. Por ello espere cerca de la puerta por un tiempo muy largo, no necesito dormir así que el cansancio no fue problema, si lo fue la angustia ( otra nueva emoción antaño desconocida). Cuando me anime a partir a las profundidades del laberinto para meditar sobre este nuevo acontecer, escuche una voz que provenía del laberinto, la cual dijo:

Vete, eres libre para vagar por el mundo, sal, observa y aprende sobre el sufrimiento y sus múltiples tonalidades e intensidades, aprende a ahuyentar la angustia, haz del miedo tu enemigo y domínalo para tu beneficio y de aquellos que sucumben a él, comprende la naturaleza nocturna de la tristeza que camina bajo el sol.

Ve y cuenta a otros lo aquí acontecido, ve y consuela a otros en su muerte, ve y haz de la soledad tu amante; tú serás el extraño, serás el hijo del sol oscuro, serás el que de negro camina por luz y sombra desafiándolas a ambas, será eterno y vulnerable al dolor, serás por él que nunca fue.

Así fue mi liberación, así fue mi existencia previa, aún rondo por el laberinto, aunque ahora mi reino abarca más allá del páramo sombrío que rodea al laberinto, hasta llegar a esta realidad donde vago por entre los que mueren, entre los desesperados y parias que cielo e infierno han olvidado. Llevo conmigo al sol oscuro, mi hogar es el laberinto,  soy el extraño y nada ni nadie podrá detener este peregrinar.

El Extraño / V

 

V

  • ¿Porqué escribo sobre ti, si nadie te conoce? ¿Porqué me cuentas estas historias? ¿Porqué me dejas atisbar al centro del laberinto? ¿Vives en la tinta? ¿Vives en mis versos?

A pesar del cielo oscuro que se dibujaba tras la ventana, aún era temprano, el extraño me contemplaba con su eterno cigarro en la boca y sonreía maliciosamente ante mis preguntas, el bar estaba casi vacío, a no ser por nosotros y otra pareja dos mesas más a la derecha. ¿Nueve o diez cervezas? No lo sé, solo así podía animarme a contemplar al extraño y a cuestionar sus motivos para conmigo.

  • ¡Chingada madre, dime algo!

Dejó caer la ceniza de su cigarro en un vaso vacío, tomó su copa y dio un pequeño sorbo, saboreando su brandy me dijo:

  • Vivo en tu desesperación, en tu angustia por saberte solo, te acompaño cuando das vueltas por la noche con dos modelos en los bolsillos de tu chamarra, te escuchó marcar y preguntar por teléfono por ella, y por otros y otras que ya no te recuerdan, a veces parece que yo soy más real que tú.

No sabía si reír o llorar, no sabía si arrojarle mi vaso de cerveza a la cara o llorar en su hombro, no sabía si maldecirlo o contarle sobre mi confusión sentimental. Supongo que todo eso, él ya lo sabía, pues me dijo:

  • Seguiremos juntos tú y yo, por un largo tiempo.
  • ¿ Y me dirás la verdad acerca de mi muerte?

Aspiró el humo del cigarro y me miró:

  • Pensé que tú, eso ya lo sabías.

El Extraño / VII

VII

No era fácil vernos, digo al principio hubo problemas, pero comparados con los actuales, no eran nada.

  • Parecemos delincuentes, dijo la otra noche Rodrigo cuando a escondidas nos vimos en el cine.

Supongo que eso somos, delincuentes, delincuentes por amarnos.

Digo, que nada de esto hubiera pasado si Rodrigo no hubiese volteado a verme ese día en la oficina, sí, así de simple, así inicio todo.

Yo era nueva en el trabajo, él tenía ya unos 6 meses. Cuando nos presentaron, yo hacia todo lo posible por ocultar mi nerviosismo y él trataba de ocultar ese extraño brillo que sus ojos adquieren cuando me mira fijamente.

Suena tan tonto y  a la vez tan común, primero fuimos compañeros del trabajo, luego amigos, confidentes y así sucesivamente cada uno se fue volviendo parte de la vida del otro, pero yo sabía que había algo más que amistad entre los dos, cierta atracción se palpaba en nuestros gestos, en nuestras palabras, en la manera en que cada uno se comportaba cuando estábamos juntos, a pesar de ello nos hacíamos los desentendidos.

Él no tenía una novia fija, salía con varias chicas, pero por nuestras conversaciones sabía que a ninguna de ellas amaba, era más bien su forma infantil de combatir y remediar su soledad, en si lo que pasaba es que no tenía suerte.

Yo ya estaba comprometida con Paco, aunque después de conocer a Rodrigo empecé a tener mis dudas sobre si en verdad amaba a Paco y si mi decisión de casarnos era la correcta, en mi casa mi mamá adoraba a Paco, papá y Luis lo veían con recelo, ahora sé porque, era guapo, más que nada atractivo, tenía mucho dinero producto de los negocios propios y los que compartía con su padre, un rico empresario norteño, su familia era de una de las más importante y añeja de la sociedad de Monterrey.

Su principal defecto era su temperamento explosivo, y a veces hasta agresivo, pues podía pasar de ser una persona normal, a la cual el más mínimo detalle, un retraso en la comida en el restaurante, una mirada que a él no le agradase o un comentario adverso a sus creencias, provocaban su ira, estallaba en gritos y vociferaciones, lo he visto arrojar una botella de vino contra una pared en un restaurante en uno de sus estallidos.

  • Es el alcohol lo que le afecta, entiende que es un hombre muy ocupado y con grandes responsabilidades y preocupaciones, a parte es un joven muy encantador, digo nadie es perfecto, no dejes que ese defecto pese más que todas las virtudes que Paco tiene.

Me decía mi mamá cada vez que llorando le contaba sobre los arranques de Paco, para ella lo único que importaba era que me casara lo más pronto posible para así ser objeto de gala y atenciones del mundo social, de ese que a ella tanto le interesaba, hablaba de lo concurrida que iba a estar la boda, de las personas tan importante y ricas que nos iban a acompañar, de lo suculenta de la cena, del precio del vestido y de tantas cosas que a veces daba la impresión que la que se casaba era ella.

¿Pero y yo? Cómo seguir con no solo la boda, sino con toda una vida con alguien que ahora dudaba si amaba o no. Necesitaba saber si Rodrigo sentía algo o si solo eran figuraciones mías, ese miedo a equivocarme era lo que me hacía pensar en si amaba o no a Rodrigo, aunque no quería aceptarlo eso era: amor, no un capricho, no una mera atracción sexual sino amor.

Paco empezó a recelar de mis constantes referencias y menciones a Rodrigo, lo cual lo hizo sospechar, pero se controlo, eso sí insistió mucho en conocer a Rodrigo, hasta que para acallar sus sospechas, se lo presente y cuando lo conoció, se comparo con él y  a su modo de ver se sintió seguro, no vio en él a un competidor, sino más bien una especie de compañía para mí, como un perro faldero o algo así, dejo de temerle y celarme, hoy día lo odia con toda su alma, sobretodo porque lo estimo como poca cosa, aunque para odios el que siente por mí.

Un día hubo una fiesta en la oficina, Paco no me acompaño ya que andaba en Puebla viendo lo de una fabrica y Rodrigo iba solo, ya desde hacía rato me había dado cuenta que andaba solo, que no platicaba de ninguna “amiguita”.

Ese día gracias al ambiente relajado de la reunión, unas copas extra y la cercanía de la fecha de la boda, me dieron el valor de hablar con él, salimos y ya rumbo al estacionamiento, pensé que no quería seguir con la duda y de plano lo besé sin aviso alguno, él al principio confundido, no atino sino a contestarme el beso, pero aún con más pasión. Luego se separo de mí y dijo:

  • Ojalá y este beso no fuese solo producto de las cubas, pues para mí sería muy doloroso oírte decir mañana que estabas borracha y que no existe nada entre nosotros mas que amistad, ya que yo la verdad, te amo desde hace mucho…

No lo deje terminar, lo abracé con fuerza, lo volví a besar con lágrimas en los ojos y le dije:

  • Esto no tiene nada que ver con las cubas o las cervezas, tiene que ver con lo que yo siento por ti, por este amor que me quema desde hace ya tiempo y el cual tenía miedo de expresar, con todo esto trato de decir que te amo Rodrigo.

Ese fue nuestro clandestino inicio, ese día desatamos el hambre que a los dos nos corroía y que habíamos ocultado tras muchas máscaras y pretextos, fuimos a un motel y tuvimos no sólo sexo, lleno de pasión y ternura, sino algo más, no recuerdo otro momento en el cual halla yo sentido tanta felicidad, tan contenta de estar viva.

¿ Tú alguna vez has sentido esa sensación , no es así?

¿Sabes de lo que hablo verdad? ¿De esa plenitud de los sentidos? ¿De esa sed por el ser amado?

Lo que nos esperaba no iba a ser fácil, yo no podía seguir con Paco y con la boda, no me  importaba que ya las invitaciones se hubieran enviado, no me importaba que el vestido hubiera salido en 20 mil pesos, no me importaba la cena para 300 invitados, me importaba Rodrigo y así se lo dije a él y luego a Paco, el cual no lo tomo muy bien que digamos y no lo culpo por sentirse traicionado, pero más traicionado se hubiera sentido si nos hubiéramos casado, más traicionada me hubiera sentido yo por no estar con quien amo. Enfureció, enloqueció, empezó a aventar todo lo que tenía al alcance de su mano, incluso me golpeo, mis gritos alertaron a mi hermano, el cual detuvo a Paco de seguirme golpeando.

  • ¡Tú eres mía y vas a ser mi mujer!, lo oíste, ¡Vas a ser mi esposa te guste o no!, ¡Eres solo mía!

Entre lágrimas y sangre, escuché sus amenazas, luego por la noche siguieron las amenazas y recriminaciones de mi mamá y de varios familiares y amigos a lo largo de la semana, solo los del trabajo, mi hermano Luis y mi papá me apoyaron, ellos sabían como era Paco y como era Rodrigo, yo le conté a papá y él me reconforto, lo importante era mi felicidad y con Paco eso no era posible.

A Rodrigo le conté de lo acontecido y se enfureció por lo que Paco me había hecho, pero yo le dije que eso no importaba, que lo importante era estar juntos.

Mi mamá no me dirigía la palabra y si lo hacía era para decir pestes de Rodrigo, lo odiaba, ya que lo consideraba culpable de todo. Paco no se dio por vencido, llamaba todo el tiempo a la casa o al trabajo, a mi celular, siempre agresivo, siempre amenazante.

Un día fue a buscarme al trabajo, al dirigirme a mi coche lo vi, recargado en él, intente regresarme a la oficina pero él me alcanzo, tomándome del brazo empezó a jalonearme para llevarme a su coche, lo acompañaban dos tipos que eran los guardaespaldas de su papá, al empezar a gritar varias caras se asomaron por las ventanas del edificio y como caído del cielo apareció Rodrigo, sin prestarle mucha atención a la diferencia de tamaños( Paco medía 1,95 y Rodrigo 1, 70) se lanzó contra él, lo derribó y empezaron a luchar, yo me solté y me aleje trastabillando, vi como a pesar de la fuerza de Paco, Rodrigo lo mando al suelo de dos certeros golpes, incluso alcanzo a derribar a uno de los tipos esos de un patada, pero el otro lo golpeo por la espalda, solo así cayo, grite y corrí hacia él.

  • ¡Déjenlo, hijos de puta! ¡Déjenlo! Gritaba

El alboroto atrajo la atención de los policías encargados de la vigilancia, Paco comprendió que estaba en desventaja, apoyado en uno de los guardaespaldas subió a su coche y arrancó, no sin antes gritarnos:

  • ¡Tú eres mía! , ¡ y tu cabrón te vas a morir!

Eso fue hace dos meses, desde entonces a la fecha no tenemos paz.

  • ¿ Sabe lo que es el miedo, no solo a la muerte, sino a la muerte de quien más se ama? Así me sentía yo, ojalá usted pudiese comprender mi temor.

Todos los días se sentía la presencia de Paco, enviaba regalos a la oficina, flores a la casa, al llegar y al salir del trabajo siempre veíamos a un coche gris con sus guardaespaldas adentro, siempre observándonos, vigilando nuestros pasos, más de una vez siguieron a Rodrigo a su casa, más de una vez noche se estacionaron afuera de mi casa, papá y Luis llamaban en cada ocasión a una patrulla para reportar el mismo coche sospechoso, que misteriosamente siempre sabía cuando venía en camino la patrulla y se marchaba.

Mi mamá no soportaba a Rodrigo, ya que él era, a sus ojos, culpable por haber perdido su oportunidad de ganar clase y prestigio social y el consecuente escándalo que resulto de la cancelación de la boda. Varias veces trato de convencerme, incluso obligarme por medio de amenazas, de regresar con Paco y dejar a Rodrigo, sospecho incluso que se veía secretamente con Paco.

Era aterrador, Rodrigo hacia lo posible por encontrar un departamento para que ambos viviéramos juntos, lo más lejos posible de todos, por suerte le ofrecieron trabajo en San Luis Potosí, yo a sabiendas de lo insoportable que se tornaba nuestra existencia, le suplique que fuera allá a averiguar que tanto le convenía, y nos convenía a ambos, ese trabajo.

Imprudentemente lo acompañe a la central camionera sin revisar si los guardaespaldas de Paco nos seguían, era más mi interés por la seguridad de Rodrigo que me olvide de ese vital detalle.

Cuando llegaba a la casa, me baje del coche y me acercaba a la puerta del garage cuando el coche gris se detuvo justo junto a mi coche y de él descendieron los dos guardaespaldas, forceje con ellos, tratando de liberarme, intentando gritar para pedir ayuda, pero me taparon la boca con un pañuelo empapado en cloroformo, poco a poco perdía la fuerza y fue entonces cuando me introdujeron en el coche ya desmayada.

Al despertar me encontraba en una habitación vacía, a no ser por la cama de latón a la cual estaba atada, con una cinta gris muy resistente, de pies y manos, estaba completamente desnuda, tenía otra cinta alrededor de mi boca, trate por un largo rato de romper o aflojar mis ataduras, pero después de comprobar lo inútil de mi esfuerzo termine por rendirme, en ese momento comencé a llorar, el miedo se apodero de mi, implore a Dios por que alguien halla visto el secuestro y la policía o mi hermano y papá vinieran a rescatarme, pensé en Rodrigo, pensé en que tal vez ya nunca volvería a verlo, no tuve mucho tiempo para seguir con mis miedos cuando la puerta del cuarto se abrió y entro Paco.

  • Te dije que ibas a ser mía; ¡perra!

Él también estaba desnudo, en su mano izquierda relucía un cuchillo, sus ojos estaban transformados, no se veía luz en ellos, eran un pozo oscuro y frío, fue entonces cuando el miedo se adueño completamente de mi.

  • ¡Ahora vas a ver quien soy pendeja!

Me violo, una y otra vez, me golpeaba, me cortaba finos tajos con su cuchillo en mi piel, cara, piernas, senos, brazos, muslos, llore; me desmaye y volví a recuperar el sentido, en una de esas veces al abrir lentamente un ojo entre la sangre y las lágrimas, vi a Paco llorando arrodillado en el suelo, cubierto con mi sangre, gimoteando:

  • ¡Perdóname, Angela, por favor perdóname! ¿Tú sabes que te amo?, ¿verdad?

Pero no pude perdonarlo, luego cerré los ojos, me abandone a la sensación de vacío, ahora estoy con usted y eso me desconcierta, ¿dónde esta él?, ¿dónde estoy yo ?,        ¿ está Rodrigo con usted?

El extraño me levanto del suelo, del sitio en el cual me encontraba sentada, su ropa negra se sentía cálida y suave sobre mi piel desnuda, ya no sentía dolor, era solo una gran tranquilidad, un gran alivio, estuve apunto de abandonarme a esa sensación, tan lejos del dolor, tan lejos de Paco, tan lejos de mi madre, pero en ese instante me acorde de Rodrigo.

  • ¿ Y Rodrigo? ¿Dónde esta él?

A lo largo del relato el extraño guardo silencio, al escucharme sonrió condescendientemente.

  • Rodrigo no puede venir, esta en este instante llorando por ti, dejémosle con tu recuerdo, él de verdad te amaba. No te preocupes, él es fuerte y estará bien.
  • ¿ Y Paco?
  • Si te preocupa encontrarlo aquí no temas no lo encontrarás, él vaga en otras tierras, él sufrirá una eternidad por cada golpe que te dio, por cada vez que el cuchillo rasgo tu piel, por cada acto de violencia contra ti.
  • ¿A dónde nos dirigimos?
  • A tu nuevo hogar; al laberinto, a ocupar el lugar que te corresponde.

Iniciamos el camino, a lo lejos se vislumbraba una construcción de paredes altas y grises. Al verla sentí escalofríos.

  • Tengo miedo. Dije
  • Aquí el miedo no tiene lugar, por eso estás aquí.
  • ¿Es esto el cielo?
  • No, el cielo te ha olvidado, pero nosotros no.