Yo

Yo

lujuria y tentación,

fría llamarada

que arde en noches

de luna llena.

 

Yo

paria por

decisión propia,

ángel caído

que reniega

y abjura de lo divino.

 

Yo

Efímero,

contradictorio,

amante y amado,

traidor y traicionado.

Inmoral poeta,

que dedica sus versos

al vacío

 

Yo

el suicida,

la negación,

el anticristo.

 

 

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Ella

Tus caricias abren

rojos surcos en mi piel.

 

Afilados colmillos rasgan

mi yugular.

 

El sabor de mi sangre

inunda tu boca.

 

Golosa …

te estremeces de placer,

orgiástica sensación

saber que mi vida se hace tuya.

 

¡Mátame…!

¡Hazme parte de ti!

 

Tomas mi pene con tu manos…

sientes la sangre fluir en su interior,

siento tu lengua recorriéndome.

 

Me pierdes en el abismo del placer.

Arqueo la espalda,

al eyacular en tu rostro sangre y semen.

 

En tu cara se dibuja

esa sonrisa lasciva y traviesa

que hace de mi muerte

el mayor de tus orgasmos…

 

 

Ángel que cae…

Los días pasan

la perspectiva

no cambia…

 

Sigue roto

el sentimiento.

 

Droga y licor

no mitigan

el dolor.

 

La tristeza

me desborda.

 

Siento mi vida

apagarse.

 

Mi piel se marchita.

 

Mis ojos se apagan.

 

La soledad susurra

versos oscuros

que me seducen.

 

Que me invitan

a sucumbir

ante el hechizo

de la muerte…

 

Soy potencia

creadora / destructora.

 

Soy el redentor/

el verdugo.

 

El asesino de mis sueños,

mis anhelos

 

El suicida que repasa

al anochecer

sus motivos,

cual letania

para invocar al insomnio

restándole horas,

días,

meses al adiós…

 

Redactando su epitafio

con tinta carmesí.

 

Firmando cartas

sin destinatario.

 

Ser la negación.

 

La no vida.

 

El ángel que goza

con su caída…

En la oscuridad…

No busques en la luz

lo que solo la oscuridad

puede otorgar….

 

Deja ya de maldecir al Dios

que te abandono…

 

Procura enfilar tus pasos

hacia el nuevo horizonte…

 

En vez de violar

los mandamientos

sería mejor hacer

del odio motor

de tu existir…

 

Príncipe rebelde…

 

Dulce melodía

emana de tu caos…

 

Aprovecha

la decadencia

que florece

a tu alrededor

para crear

un nuevo edén…

 

Uno sin leyes

sin árboles del bien

y del mal,

sin ángeles,

repleto de serpientes

y tentaciones…

 

Un lugar donde el mártir

se ahogue

en su santidad..

 

Imagina a los suicidas

sin remordimientos

ni rencores…

 

Homicidas sin culpa

pintando de carmesí

el cielo…

 

Imagina al ángel de la lujuria

adorado por millones…

 

 

Enamorado y putrefacto

¿Qué sucedería

si muriese..?

 

Y a pesar de volverme cadáver,

fantasma,

ceniza,

espíritu

o solo polvo,

aún rondase

por donde

tu risa anuncia

tu llegada…

 

Si muy a mi pesar

siguiera

soñándote,

amándote,

buscándote…

 

Ya fuese irreal o inmaterial

aún de ese ningún lado,

en el limbo,

desde mi no –  existencia

carnal…

yo aún te continuara amando…

 

¿Tú que harías…?

 

¿Exorcizarías mi amor…?

¿Maldecirías al espíritu

que de ti sigue enamorado…?

 

¿Clavarías una estaca

en mi cuerpo

enamorado y putrefacto

para librarte

de la maldición de mi amor…?

 

Dímelo antes de morir…

 

 

Ni la muerte es un consuelo

Caminando de madrugada, departiendo con arcanas deidades en está soledad donde nada se oye.

El más bello de los Ángeles se apiada de este mi penar/ peregrinar.

Solo imploro al lucero de la mañana me devuelva con mi amada .

He derramado mi sangre, he escrito en la pared su nombre, flores y veladoras conforman su altar.

En este frío, en esta bruma me intoxico de nostalgia .

Ya no sé vivir en su ausencia.
Los versos a Ella escritos se derraman en mi noche.
Saberla lejos
Saberme suyo
Saber que ni la muerte es un consuelo

Los muertos no soñamos

Adentrarse en la oscuridad, abandonando toda esperanza.
Ir ligero sin peso alguno,
sin recuerdos,
emocionalmente roto,
ser cadáver recién nacido,
sin lágrimas, sin risas
solo este vacío sin forma.

Versos cual epitafios cincelados en la piel…

Los muertos no soñamos
vivimos la eterna pesadilla, la conciencia de haber vivido,
haber amado, sufrido, perdido

El aire huele a humo…
solo los suicidas y los homicidas deambulan en estás madrugadas, unos buscando un árbol del cual mecerse al son del viento otros en pos de su siguiente víctima aquella que los sublime en sangre inocente.

La desolación llena mis noches, sigo respirando en su ausencia, sigo siendo suyo…