Cuestionando

Tantas preguntas

y tan pocas respuestas.

 

¿Para conjugar el presente es necesario el pasado?

¿Bastan sus labios para incendiar mis noches?

¿Son lágrimas o son sueños ahogados en su propia tristeza los que escurre por mi cara?

¿Amar implica sufrimiento, el sufrimiento implica deseo, el deseo implica…?

¿Es Dios un gran vacío en mi o soy solo una nada que gira entorno a él?

¿Es la tinta vehículo o cárcel de mi voz?

¿Es este instante eterno o son solo etílicas figuraciones de un alma abatida por el desamor?

¿Es el suicidio un triunfo sobre el destino o es la cruel confirmación de mi impotencia frente al designio de oscuras deidades?

¿Soy efímero gracias a la muerte o gracias al vacío?

¿Soy?

¿Existo?

 

Ojalá pudiese olvidar las respuestas

y reinventarme,

sentir que logro descifrar

los designios de la noche.

 

Ojalá se me acabasen las preguntas

y me conformase con las pálidas respuestas

que a tantos consuelan.

 

Tan pocas respuestas y yo con las mismas preguntas de ayer

Morir de muerte

Murió de su muerte,

de su vida incompleta.

 

Murió de su muerte

del antinatural accidente llamado amor.

Murió de su muerte

enamorado del vacío,

encontró en la redención

su castigo.

 

Murió de su vida

por el exceso de vitalidad,

desbordado por pasiones suicidas,

de esas que conjuran piel, sangre y locura.

 

Murió de su vida

ahogado en un sentimiento

que pugnaba por ser escuchado,

comprendido,

correspondido.

 

Morir de muerte natural,

entre recuerdos y canciones,

entre el olvido y el recuerdo.

 

Morir la vida,

vivir la muerte.

Soledad, ¿ es que aún no comprendes este  peregrinar?

No hay salvación,

ni perdón,

mucho menos redención,

sólo este instante,

sólo mis labios evocando

versos sin dueño.

 

Soledad:  morir de muerte o morir de vida

es comprender que:

No te mueras vida que aún nos faltan muchas muertes por vivir.

Las reglas de la noche (remedios para el insomnio)

Las reglas de la noche son en si bastante sencillas:

Todo se permite,

nada se perdona.

No hay marcha atrás, lo hecho, hecho está.

 

De noche los besos son distintos,

sobretodo en noches estrelladas de luna llena,

se adhieren a la piel,

son tinta indeleble que a pesar de la oscuridad

se perciben por su olor.

 

No hay forma de mentir,

los labios no saben de engaños,

pero si de traiciones.

 

Tontos los que creen

que al amanecer la luz borra lo que está escrito en la piel,

es imposible erradicar ese sabor de los ojos,

de los poros hambrientos de un enamorado.

 

Las reglas de la noche incluyen también a la muerte,

sin ella la noche no estaría completa.

Si la pasión y el amor encuentran cobijo en ella.

 

¿Porqué no habrían de hacerlo también la melancolía y la tristeza?

Se nace de noche,

se muere de madrugada,

se olvida de día.

 

Las reglas de la noche establecen que los sueños son el consuelo

para el que duerme víctima de su hastío,

de su cansancio.

 

Dormir no es igual a soñar,

ya que soñando vivimos lo que el día nos tiene vedado,

durmiendo no hacemos sino ensayar para el eterno descanso.

 

Está escrito que las reglas de la noche se apliquen a locos y poetas,

a suicidas y soñadores,

a amantes y traidores,

a todos los que influenciados por ellas viven,

mueren,

recuerdan,

olvidan.

 

A sabiendas que el día borrara lo vivido

nos aventuramos al vacío,

así es la noche

así amamos, ¿morimos?

bajo el amparo de las reglas de la noche.

El eco del ayer

Pregunto por Dios y me contesta el eco de mi voz:

No hay Dios.

 

Pregunto por el amor y me contesta el eco de mi voz:

No existe el amor.

 

Sin preguntar nada el eco de mi voz responde:

Nada hay.

Nada es.

 

Solo el eco del ayer, la incesante lucha contra el todo, contra todos.